Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Primero os dirigiréis a Blangy, y de Blangy a Neufchâtel. Una vez en Neufchâtel, encaminaos a la posada de la Herse d’Or, dad el santo y seña al posadero, y os proporcionará otro caballo ensillado.
—¿Debo algo? —preguntó D’Artagnan.
—Todo está pagado, y generosamente —respondió el posadero—. Marchaos, pues, y que Dios os guÃe.
—Amén —repuso el mozo, partiendo al galope, y sin parar hasta Neufchâtel, a donde llegó cuatro horas después.
D’Artagnan siguió puntualmente las instrucciones que recibiera; en Neufchâtel, encontró otra cabalgadura ensillada, y al querer trasladar las pistolas de la silla de que acababa de apearse a la que iba a montar, vio que las pistoleras estaban provistas de pistolas iguales:
—¿Vuestra dirección en ParÃs? —le preguntó el posadero.
—Cuartel de los guardias, compañÃa Des Essarts —respondió D’Artagnan.
—Está bien.
—¿Qué camino debo tomar? —preguntó el mozo.
—El de Rouen; pero dejad la cuidad a vuestra derecha. Al llegar a la aldehuela de Ecouis, deteneos en ella y entrad en su única posada, el Ecu de France. No la juzguéis por su apariencia; en sus caballerizas habrá un caballo que en nada cederá a este.