Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Entonces ¿no renunciáis al paseo de esta noche, señor?
—Al contrario, tengo tanto más empeño en comparecer a la cita que me ha dado la carta que en tal zozobra te ha puesto, cuanto mayor es la tirria que le profeso a m. Bonacieux.
—Si mi amo está resuelto…
—Por manera inquebrantable, amigo mÃo; asà pues, a las nueve, aguárdame aquÃ, preparado para seguirme.
Planchet, al ver que no habÃa esperanza de hacer que su amo renunciara a su proyecto, lanzó un profundo suspiro y se puso a almohazar el tercer caballo.
En cuanto a D’Artagnan, como era esencialmente cauto, en lugar de encaminarse a su casa se fue a comer a la de aquel cura gascón que, en los dÃas de apuro de los cuatro amigos, le habÃa dado un almuerzo de chocolate.