Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros »Inmediatamente después, el que había hablado conmigo se ha acercado a la puerta del pabellón, la ha abierto con una llave que llevaba encima, y una vez dentro ha vuelto a cerrarla, mientras los otros dos echaban escalera arriba. El hombrecillo estaba en pie a la portezuela del coche, el cochero sujetaba el tronco, y un lacayo hacía lo mismo con los caballos de mano.
»De pronto han resonado grandes voces en el pabellón, y una mujer se ha abalanzado a la ventana y la ha abierto como para arrojarse por ella; pero al ver a los dos hombres, ha retrocedido con viveza, perseguida por estos, que se han precipitado tras ella. Y ya no he visto nada más, pero sí he oído romper muebles. La mujer pedía socorro a grandes voces, mas a no tardar se han ahogado sus gritos; los tres hombres se han acercado a la ventana con la mujer en brazos, y dos de ellos la han bajado por la escala y se la han llevado al coche, en el cual se ha subido tras ella el hombrecillo. El que se había quedado en el pabellón ha cerrado la ventana, poco después ha salido por la puerta, y se ha cerciorado de que la mujer se hallaba realmente en el coche; luego ha montado a caballo, a imitación de sus dos compañeros, que le estaban ya aguardando en esta actitud; el lacayo ha tomado otra vez sitio junto al cochero; el coche ha partido al galope, escoltado por los tres jinetes, y se acabó. Ya no he visto ni oído más.