Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros A Planchet, que era más animoso de día que de noche, no le abandonaba, sin embargo, ni por un instante, su prudencia innata; no había olvidado ninguno de los incidentes del primer viaje; para él, eran enemigos todos aquellos con quienes se encontraba. De ahí que casi constantemente tenía el sombrero en la mano; lo que le valía severas reprensiones por parte de D’Artagnan, que temía que gracias a tal exceso de civilidad no tomasen a aquel por lacayo de un hombre de poco valer.
A pesar de ello, sea que los viandantes se sintieran movidos ante la urbanidad de Planchet, sea que ahora no estuviese apostada persona alguna en el camino del mozo, lo cierto es que nuestros dos viajeros llegaron felizmente a Chantilly y se apearon en la posada del Grand Saint Martin, donde ya se detuvieran en su primer viaje.