Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Con quién? Vaya su merced a saberlo, con un hidalgo que estaba de paso y al cual hizo proponer un partido de sacanete.
—Y el desgraciado lo habrá perdido todo.
—Todo, incluso su caballo, señor —contestó el posadero—; y tan es asÃ, que al prepararse el desconocido para ponerse nuevamente en camino, y al hacerle observar que su lacayo estaba ensillando la cabalgadura de m. Porthos, contestó que yo me metÃa en todo y que aquel caballo era suyo. Al punto hice pasar aviso a m. Porthos, informándole de lo que estaba ocurriendo, y m. Porthos mandó decirme que dudar de un hidalgo era propio de bergantes, y que como el hidalgo aquel habÃa dicho que el caballo era suyo, suyo debÃa de ser.
—Lo reconozco, sin duda, en ese punto —murmuró D’Artagnan.