Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Pues que al tirarme a fondo sobre mi adversario, a quien habÃa largado ya tres estocadas, y al cual querÃa rematar de una cuarta, tropecé en una piedra y me causé una luxación en la rodilla.
—¿De veras?
—Palabra. Por fortuna para el tunante, a quien de otro modo lo habrÃa dejado en el sitio.
—¿Qué ha sido de él?
—No lo sé; se dio por satisfecho, y partió sin pedir el resto; pero ¿y vos, mi querido D’Artagnan, qué tal os ha ido?
—¿De modo —continuó nuestro héroe— que os retiene en cama la luxación?
—Nada más; pero dentro de algunos dÃas me levantaré.
—Pues ¿por qué no hicisteis que os condujeran a ParÃs? Aquà debéis de haberos aburrido de lo lindo.
—Ya era mi intención el hacer que me condujeran a ParÃs, pero debo confesaros una cosa.
—¿Qué?