Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Lo cual quiere decir —continuó Aramis para facilitar la comprensión a su amigo—: «Son necesarias ambas manos cuando los clérigos de órdenes inferiores dan la bendición».
—¡Tema admirable! —exclamó el jesuita.
—¡Admirable y dogmático! —repuso el párroco, que, más o menos a la altura de D’Artagnan respecto del latÃn, no perdÃa de vista al jesuita para tomarle el paso y convertirse en su eco.
En cuanto a D’Artagnan, no participó poco ni mucho del entusiasmo de los dos sacerdotes.
—¡Admirable! Prorsus admirabile! —prosiguió Aramis—, pero que exige un estudio profundo de los santos padres y de la Sagrada Escritura. Ahora bien, he declarado sin ambages y con toda humillad a esos dos sabios eclesiásticos que las veladas de los cuerpos de guardia y el servicio del rey me habÃan hecho descuidar un poco los estudios. De consiguiente, serÃa para mà mucho más cómodo, facilius natans, si dejasen a mi elección el tema, que serÃa, para esos espinosos puntos teológicos, lo que la moral es para la metafÃsica en filosofÃa.
D’Artagnan se aburrÃa soberanamente, y el párroco también.
—¡Qué exordio! —exclamó el jesuita.
—Exordium —repitió el párroco por decir algo.