Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Quemadmodum inter coelorum immensitatem.
Aramis miró a D’Artagnan, y al ver que este estaba bostezando desaforadamente, dijo al jesuita:
—Hablemos francés, padre mÃo, y asà m. D’Artagnan podrá saborear más nuestra conversación.
—Sà —respondió D’Artagnan—, como estoy fatigado del camino, todo ese latÃn se me escapa.
—De acuerdo —profirió el jesuita algo desorientado, mientras el cura, loco de satisfacción, dirigÃa a D’Artagnan una mirada de gratitud—. ¡Qué partido podrÃa sacarse de esta glosa! Moisés, siervo de Dios… No es más que siervo, ¿comprendéis con claridad? Moisés bendice con las manos, se hace sujetar los brazos, mientras los hebreos derrotan a sus enemigos; asÃ, pues, bendice con ambas manos. Por otra parte, ya nos dice el Evangelio: «Imponite manus, no manum». Imponed las manos, no la mano.
—Imponed las manos —repitió el cura, haciendo una mueca.
—Con san Pedro, de quien los papas son sucesores, pasa lo contrario —continuó el jesuita—. Porrige digitos. Alargad los dedos. ¿Comprendéis ahora?
—SÃ, comprendo —respondió Aramis con complacencia—, pero sutil es el distingo.
—¡Los dedos! —repuso el jesuita—; san Pedro bendice con los dedos. Luego el papa bendice con los dedos también.