Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros ¿Qué tal hallaría a Athos nuestro gascón? ¿Daría con él? Crítica era la situación en que lo dejara, y podía muy bien haber sucumbido a ella. Ese pensamiento entristeció el espíritu de D’Artagnan, le arrancó algunos suspiros y le hizo formular mentalmente algunos juramentos de venganza. Athos era su amigo de más edad, y por lo tanto el menos afín, en apariencia, con sus gustos y sus simpatías.
Sin embargo, el mozo sentía por Athos una marcada preferencia. El ademán noble y distinguido de aquel, el brillo de grandeza que de tiempo en tiempo brotaba de la oscuridad en que voluntariamente se encerrara; la inalterable calma que hacía de él el más dócil compañero de la tierra; su alegría pesarosa y mordaz, y su valentía a la que pudiera haberse llamado ciega si no hubiese sido hija de una admirable serenidad de ánimo, más que la estimación y la amistad, despertaban en D’Artagnan la admiración.