Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Athos se recogió, y a medida que iba ahondando en su meditación, D’Artagnan le vio palidecer. El mosquetero se hallaba en el perÃodo de la embriaguez en que los bebedores vulgares caen y duermen; él, sujeto a un sonambulismo de la borrachera que tenÃa un no sé qué de espantoso, soñaba en alta voz sin dormir.
—¿Os empeñáis en que os cuente esa historia? —preguntó Athos.
—No me empeño en que me la contéis —respondió D’Artagnan—, os lo ruego encarecidamente.