Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Indudablemente, el primer amante y el cómplice de la hermosa, que se habÃa disfrazado de cura tal vez para casar a su barragana y ponerla a cubierto de la necesidad. Supongo que habrá muerto descuartizado.
—¡Válgame Dios! —murmuró D’Artagnan, completamente aturdido por aquel horroroso relato.
—Tened, probad este jamón, amigo D’Artagnan —dijo Athos, cortando una lonja y poniéndola seguidamente en el plato del mozo—, está exquisito. Lástima que en la cueva solamente hubiese cuatro como este; me hubiera bebido cincuenta botellas más.
D’Artagnan, que ya no podÃa soportar aquella conversación, y que de continuar le hubiera trastornado el juicio, dejó caer la cabeza entre las manos e hizo que se dormÃa.
—Los mozos de hoy no saben qué es beber —dijo Athos, mirando con ojos de compasión a su amigo—, y, sin embargo, este pertenece a la flor y nata.