Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Me pasma lo que me decís; me daba la impresión que os había contado una historia de las más lamentable —profirió Athos, mirando al mozo cual si hubiese querido leer en los más recónditos senos de su alma.

—A fe mía —dijo D’Artagnan—, no parece sino que yo estaba más bebido que vos, pues de nada me acuerdo.

—Vos debéis de haber notado —prosiguió Athos, sin dejarse engañar respecto de lo que acababa de decirle el gascón—, vos debéis de haber notado que cada cual tiene su género de borrachera, triste o alegre; yo la tengo triste, y cuando estoy beodo, me da por contar historias lúgubres que la bestia de mi nodriza me inculcó en el cerebro. Es mi flaco, flaco capital, no lo niego; pero, aparte de eso, soy buen bebedor.

Hablaba Athos de una manera tan natural, que D’Artagnan empezó a dudar.

—En efecto —repuso el joven, intentando apoderarse nuevamente de la verdad—, me acuerdo de que hablamos de ahorcados, aunque al modo que uno se acuerda de un sueño.

—¿No lo dije? —exclamó Athos, palideciendo y esforzándose al mismo tiempo en sonreír—; estaba seguro de ello, los ahorcados son mi pesadilla.

—Sí —repuso D’Artagnan—, ahora se me refresca la memoria; sí, hablasteis…, aguardaos…, hablasteis de una mujer.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker