Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Y yo —dijo Athos, sacando de su faltriquera algunas monedas de vellón—, yo…
—¿Vos? Nada.
—O tan poco que no vale la pena añadirlo al capital común.
—Bueno, calculemos ahora cuánto poseemos en conjunto.
—A ver, Porthos —dijo Athos.
—¿Yo? Treinta escudos.
—¿Y vos, Aramis?
—Diez pistolas.
—¿Y vos, D’Artagnan?
—Veinticinco.
—¿Cuánto hacen en total? —preguntó Athos.
—Cuatrocientas setenta y cinco libras —respondió D’Artagnan, que contaba como ArquÃmedes.
—Al llegar a ParÃs nos quedarán todavÃa cuatrocientas y, además, los arneses —argumentó Porthos.
—Pero ¿y nuestros caballos de escuadrón? —dijo Aramis.
—De los cuatro de nuestros lacayos haremos dos de amo; con las cuatrocientas libras haremos medio para uno de los desmontados, luego daremos los residuos de nuestras bolsas a D’Artagnan, que tiene buena mano, e irá a jugarlos en cualquier garito.
—Comamos, pues —aconsejó Porthos—; los manjares se están enfriando.