Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Ya tranquilos respecto del porvenir, los cuatro amigos despacharon con buen apetito la comida, cuyos restos recibieron sepultura en los estómagos de Mousqueton, Bazin, Planchet y Grimaud.
Al llegar a ParÃs, D’Artagnan halló una carta de m. de Tréville en la que este le comunicaba que habÃa solicitado y obtenido del rey, para él, la gracia de ingresar en el cuerpo de mosqueteros.
Como esto era cuanto D’Artagnan ambicionaba en el mundo, aparte, por supuesto, el deseo de verse nuevamente con mm. Bonacieux, corrió lleno de gozo a casa de sus compañeros, de quienes aún no hacÃa media hora que se separara, y los encontró tristes por demás y muy preocupados, en la morada de Athos, donde estaban reunidos en consejo; indicio infalible de que las circunstancias revestÃan alguna gravedad.
En efecto, m. de Tréville acababa de mandarles aviso de que preparasen inmediatamente sus equipos, pues su majestad habÃa resuelto abrir la campaña el primero de mayo.
Los cuatro filósofos se miraron unos a otros embobados; y es que m. de Tréville era severÃsimo en cuanto a la disciplina.
—¿En cuánto estimáis los equipos? —dijo D’Artagnan.