Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros La dama del cojín rojo, que era muy hermosa, causó gran efecto a tres personas: a la dama de las tocas negras, que vio en ella una rival verdaderamente temible; a Porthos, que la halló infinitamente más hermosa que la dama de las tocas negras, y a D’Artagnan, que conoció en ella a la dama de Meung, de Calais y de Douvres, a quien su perseguidor, el hombre de la cicatriz, saludara con el nombre de milady.
D’Artagnan, sin perder de vista a la dama del cojín rojo, continuó siguiendo los ademanes de Porthos, que le divertían grandemente, y le pareció adivinar que la dama de las tocas negras era la procuradora de la rue aux Ours, tanto más cuanto la iglesia de Saint-Leu no estaba muy lejos de la mencionada calle.
Por intuición, adivinó entonces el mozo que Porthos buscaba tomar el desquite de su derrota de Chantilly, cuando la procuradora se mostró recalcitrante a la hora de aflojar los cordones de su bolsa.
En medio de todo, D’Artagnan notó también que ni una sola mujer correspondía a las galanterías de Porthos; cuanto este hacía era pura fanfarria. Y es que, al fin y al cabo, para un amor real, para unos celos verdaderos, ¿hay más realidad que las imaginaciones?