Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —No, con toda franqueza. Ningún objeto nuevo me interesa, y aun siento aquÃ, en lo más hondo de mi corazón, algo que me está hablando de vos. Pero dentro de quince dÃas, como sabéis, o no sabéis, se abre esa campaña fatal, y voy a verme grandemente preocupado con mi equipo. Además, voy a emprender un viaje al corazón de la Bretagne para ver a mi familia y reunir el dinero que me hace falta para mi partida.
Al llegar aquÃ, Porthos hizo una breve pausa, y notando que en la procuradora se libraba una postrera lucha entre el amor y la avaricia, prosiguió:
—Y como la duquesa a quien acabáis de ver en Saint-Leu tiene su fundo lindante con el mÃo, haremos juntos el viaje. Ya sabéis que los viajes parecen mucho más cortos cuando se hacen en compañÃa.
—¿Por ventura no tenéis amigos en ParÃs, m. Porthos? —dijo la procuradora.
—En un tiempo pensaba que los tenÃa —contestó el mosquetero poniendo otra vez melancólico el rostro—; pero, ¡ay!, en la hora de la prueba vi que me engañé.