Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Pues yo —repuso el gascĂłn sonriĂ©ndose de la misantropĂa de su amigo, misantropĂa que a otro hubiera mortificado— soy menos orgulloso que vos y monto los que hallo a mano. AsĂ pues, hasta la vista, mi querido Athos.
—Hasta la vista —dijo el mosquetero, haciendo seña a Grimaud de que descorchase la botella que acababa de traerle.
D’Artagnan y Planchet se subieron a caballo y se dirigieron a Saint-Germain.
Durante todo el camino el mozo estuvo pensando en lo que Athos le habĂa dicho respecto de mm. Bonacieux; y es que pese a no tener D’Artagnan un carácter muy sentimental, la hermosa mercera le habĂa interesado realmente el corazĂłn. SĂ, D’Artagnan estaba pronto a ir en busca de ella al otro confĂn del mundo; pero como el mundo, por ser esfĂ©rico, tiene muchos confines, nuestro gascĂłn no sabĂa hacia quĂ© lado volverse.
Mientras, iba en pos de saber quiĂ©n era milady. Esta habĂa hablado con el hombre de la capa negra, señal de que lo conocĂa. Ahora bien, D’Artagnan estaba aferrado a la creencia de que el hombre de la capa negra era el que arrebatara por segunda vez a mm. Bonacieux, como la arrebatara la primera. D’Artagnan no mentĂa, pues, sino en parte, lo que es muy poco mentir, cuando decĂa que al salir en busca de milady, lo hacĂa tambiĂ©n respecto de Constance.