Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —A espaldas del Luxembourg; es un barrio delicioso para los paseos como el que os propongo.
—De acuerdo, iré.
—¿A qué hora?
—A las seis.
—A propósito, es probable que tengáis uno o dos amigos.
—Tres tengo que se considerarán grandemente honrados al jugar el mismo partido que yo.
—Como miel sobre hojuelas, ¡tres! —dijo D’Artagnan—. ¡Vaya una coincidencia! Los mismos que tengo yo, ni más ni menos.
—Y ahora, ¿me haréis la merced de decirme quién sois vos? —preguntó el inglés.
—Soy m. D’Artagnan, hidalgo gascón, al servicio de su majestad en la compañÃa de guardias de m. Des Essarts. ¿Y vos?
—Yo soy lord Winter, barón de Scheffield.
—Muy señor mÃo, m. el barón, soy vuestro servidor —dijo D’Artagnan—, por más que vuestros nombres sean difÃciles de retener en la memoria.
Y, picando a su caballo, lo sacó al trote y tomó la vuelta de ParÃs.
Como acostumbraba a hacerlo en parecidas circunstancias, el mozo se apeó en casa de Athos, quien estaba tendido en un gran sofá, aguardando, como él mismo dijera, a que fuera a encontrarlo su equipo.