Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros D’Artagnan contó a su amigo lo que acababa de pasar, pero se abstuvo de hacer mención de la carta de Wardes.
Athos recibió un alegrón al saber que iba a batirse con un inglés. Ya hemos dicho que este era su sueño dorado.
Sin pérdida de tiempo, los dos amigos enviaron a por Aramis y Porthos, a quienes pusieron al corriente de la situación.
Porthos desenvainó y empezó a tirar contra la pared, retrocediendo de cuando en cuando y haciendo flexiones como un danzarín; Aramis, que continuaba entregado en cuerpo y alma a su poema, se encerró en el gabinete de Athos, y rogó que no le molestaran hasta el preciso instante de desenvainar, y Athos pidió por señas a Grimaud una botella.
En cuanto a D’Artagnan, trazó en su mente un plan del que más adelante veremos la ejecución, plan que le prometía alguna agradable aventura, como se echaba de ver en las sonrisas que de tiempo en tiempo le animaban el rostro y rasgaban el velo que sobre él tendía su meditación.