Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Qué diablos queréis que haga yo con eso? —dijo lord Winter a D’Artagnan, al presentarle este la bolsa que se le cayera al difunto y él habÃa recogido.
—Devolvedla a su familia —repuso el gascón.
—Y el cuidado que le da a su familia esa miseria cuando pasa a heredar una renta de quince mil luises: repartid ese dinero entre vuestros lacayos.
D’Artagnan se metió la bolsa en la faltriquera.
—Y ahora, mi joven amigo, pues espero me permitiréis que os dé este tÃtulo —dijo lord Winter—, esta misma noche, si os place, os presentaré a mi hermana, lady Clarick; quiero que ella a su vez os conceda su amistad, y como no le falta valimiento en la corte, es fácil que algún dÃa os sea provechosa su recomendación.
D’Artagnan se sonrojó de gozo, y se inclinó en señal de asentimiento.
En esto Athos se acercó al gascón y le preguntó al oÃdo qué pensaba hacer con la bolsa.
—Entregárosla, mi querido Athos —respondió D’Artagnan.
—¿A m�, y ¿por qué?
—¡Pardiez!, son los despojos mortales; vos lo habéis matado.
—¡Heredar yo de un enemigo! —profirió Athos—, ¿por quién me habéis tomado?