Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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—Si así se acostumbra en la guerra —dijo D’Artagnan—, ¿por qué no pasaría lo mismo en un duelo?

—Nunca he hecho eso, ni en el campo de batalla —repuso Athos.

Porthos se encogió de hombros y Aramis aprobó la conducta de Athos con un movimiento de labios.

—Bueno, pues —dijo el gascón—, demos ese dinero a los lacayos, como nos ha dicho lord Winter.

—Pero no a los nuestros, sino a los lacayos ingleses —objetó Athos, y tomando la bolsa y arrojándola a la mano del cochero, añadió—: para vos y vuestros compañeros.

Aquella grandeza principesca, aquella generosidad francesa en un hombre enteramente pobre conmovió al mismísimo Porthos, y publicada por lord Winter y su amigo tuvo gran resonancia y mereció el aplauso de todos menos de Grimaud, Mousqueton, Planchet y Bazin.

Lord Winter, al despedirse de D’Artagnan, le dio la dirección de su hermana, que vivía en la place Royale, el barrio de moda en aquel tiempo, casa número 6 y, además, se comprometió a ir con él para presentarlo.

D’Artagnan dio las gracias al inglés, y le dijo que a las ocho le aguardaría en el domicilio de Athos.


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