Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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Por fin volvió a presentarse Tréville, y por él supieron los circunstantes que Athos se había recobrado y que, según dictamen facultativo, el estado del mosquetero no era para inspirar zozobras a sus amigos, ya que su endeblez obedecía única y exclusivamente a la hemorragia.

Luego el capitán de los mosqueteros hizo una seña con la mano y se retiraron todos, menos D’Artagnan, que no olvidó que estaba de audiencia y que, con la tenacidad del gascón, no se movió del mismo sitio.

Una vez todos estuvieron fuera y la puerta fue cerrada, Tréville se volvió y se encontró a solas con el mozo; y como lo que acababa de pasar le embrollara algo el hilo de sus ideas, preguntó al obstinado solicitante qué quería.

Entonces D’Artagnan se presentó.

—Perdonad —dijo Tréville, que, acordándose de pronto de lo pasado y de lo presente, se puso al tanto de la situación—; perdonad, mi querido paisano, pero os había olvidado por completo. Un capitán es un padre de familia sobre el cual pesa una responsabilidad más abrumadora que la que pesa sobre un padre de familia ordinario. Los soldados son niños grandes; pero como tengo empeño en que las órdenes del rey y mayormente las del cardenal se cumplan…


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