Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Al oÃr las voces del capitán, todos los que se hallaban en la antesala entraron en tropel en el despacho y rodearon con solicitud al herido, sin que Tréville hubiese hecho oposición alguna. Pero toda solicitud hubiera sido ineficaz de no haberse encontrado en el edificio mismo el suspirado médico, el cual se abrió paso entre la muchedumbre y se acercó a Athos, que continuaba desmayado, y, como le molestara grandemente tanto ruido y movimiento, lo primero que pidió, y como más urgente, fue que trasladaran al mosquetero a una pieza contigua.
Tréville abrió inmediatamente una puerta y enseñó el camino a Porthos y Aramis, que se llevaron en brazos a su compañero, seguidos del cirujano, y tras ellos se cerró la puerta.
Entonces el despacho del capitán, por lo común tan respetado, se convirtió momentáneamente en una sucursal de la antesala. Todos discurrÃan, peroraban, hablaban en alta voz, echaban votos y maldecÃan al cardenal y sus guardias.
Poco después, Porthos y Aramis volvieron a entrar en el despacho, dejando al cirujano y al capitán junto al herido.