Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Guardad esa sortija en recuerdo de mi amor; por otra parte, al aceptarla —continuó con voz conmovida milady—, me prestáis un favor más grande de lo que podáis imaginar.
Esa mujer es un arca de misterios, dijo para sà D’Artagnan.
Este sintió en aquel instante vehementes impulsos de revelarlo todo; y ya tenÃa abierta la boca para darse a conocer a milady y decirle con qué vengativo fin estaba allÃ, cuando aquella repuso:
—¡Pobre ángel mÃo! ¡Habéis estado a punto de perecer a manos de ese monstruo, de ese gascón maldito! ¿Os molestan todavÃa vuestras heridas?
—Mucho —respondió D’Artagnan, que no sabÃa qué decir.
—No temáis —murmuró milady—, yo os vengaré, y con creces.
¡Diablos!, dijo mentalmente el mozo, todavÃa no ha llegado la hora de las confidencias.