Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿La otra? —repuso Athos con voz tan apagada, que apenas si la oyó el mozo.
—SÃ, aquella de quien me hablasteis en Amiens.
Athos lanzó un gemido y dejó caer la cabeza entre las manos.
—Esta —continuó D’Artagnan— es mujer de veintiséis a veintiocho años.
—Rubia, ¿no es as�
—Rubia.
—De ojos zarcos y de brillo singular, y cejas y pestañas negras.
—Esto es.
—Alta, bien formada, y con un canino menos en la izquierda de la mandÃbula superior.
—SÃ.
—La flor de lis es pequeña, encarnada y como borrosa por las capas de pasta que aplican en ella.
—Es verdad.
—Sin embargo, vos decÃs que es inglesa.
—La llaman milady, pero ¿quién sabe si es francesa? Lord Winter no es más que cuñado de esa mujer.
—Quiero verla, D’Artagnan.
—Idos con tiento, Athos; vos quisisteis matarla, y milady es mujer para pagaros con la misma moneda y no errar el golpe.
—No se atreverá a chistar, porque, de hacerlo, se denunciarÃa a sà misma.