Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Tal te he prometido —repuso el gascón—; nada temas. Pero, dime, ¿qué ha sucedido mientras he estado fuera?
—Por ventura ¿lo sé? —respondió Ketty—. Ella, loca de rabia, ha vomitado contra vos todas las maldiciones imaginables, y ha alborotado a los lacayos, que han acudido a sus gritos. Yo, imaginando que mi ama recordarÃa que vos habÃais entrado en su dormitorio a través del mÃo, y que sospecharÃa que yo era vuestra cómplice, he tomado el poco dinero que poseÃa y mis mejores ropas, y he huido.
—¡Pobrecita! Pero ¿qué puedo hacer por ti? Parto pasado mañana.
—Cuanto queráis, señor caballero; hacedme salir de ParÃs, de Francia.
—Sin embargo, me es imposible conducirte al sitio de La Rochelle —dijo D’Artagnan.
—Pero podéis colocarme en provincias, en casa de alguna dama conocida vuestra, en vuestra tierra, por ejemplo.
—¡Ah! Mi buena Ketty, en mi tierra las damas no tienen doncellas. Pero, aguarda, puedo complacerte. Planchet, ve a casa de Aramis y que se venga inmediatamente para un asunto de importancia.
—Comprendo —dijo Athos—; pero ¿por qué Aramis y no Porthos? Me parece que su duquesa…