Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —La duquesa de Porthos se hace vestir por los pasantes de su marido —repuso D’Artagnan, riéndose—. Por otra parte, Ketty no querrÃa vivir en la rue aux Ours, ¿no es verdad, niña?
—Viviré donde quieran —respondió Ketty—, con tal de estar bien escondida y que no sepan qué es de mÃ.
—Ahora que vamos a separarnos y, por consiguiente, ya no estás celosa de mÃ…
—Lejos o cerca de vos, señor caballero —profirió la doncella—, siempre os amaré.
—¡Dónde diablos va a guarecerse la constancia! —murmuró Athos.
—Yo también te amaré siempre —dijo D’Artagnan—. Pero respóndeme a lo que voy a preguntarte, y atiende que doy gran importancia a la pregunta: ¿has oÃdo hablar alguna vez de una mujer joven a quien raptaron de noche?
—Aguardaos… ¡Oh, señor caballero! ¿SeguÃs por ventura amando a esa mujer?
—No, uno de mis amigos la ama, este, Athos.
—¡Yo! —exclamó el mosquetero con voz semejante a la del hombre que advierte que va a pisar una culebra.