Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Ahora, hija mÃa —dijo D’Artagnan a la doncella—, ya sabes que aquà no estamos nosotros más seguros que tú. Asà pues, separémonos en la esperanza de que volveremos a vernos en dÃas mejores.
—¡Ah! Señor caballero —profirió Ketty—, sea cual fuere el tiempo y el lugar donde otra vez nos veamos, os amaré como hoy os amo.
Poco después, los tres jóvenes se separaron, conviniendo en que a las cuatro de la tarde se verÃan en casa de Athos.
Planchet se quedó para custodiar la vivienda de D’Artagnan.
Aramis regresó a su casa, y Athos y el gascón fueron a empeñar el zafiro.
Como lo previera D’Artagnan, poco les costó conseguir trescientas pistolas por la sortija. Además, el judÃo les dijo que si querÃan vendérsela, como harÃa un magnÃfico parejo para unos pendientes, les darÃa hasta quinientas pistolas.