Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —No os molestéis —atajó el cardenal, sonriendo de manera que dio a comprender que conocÃa la historia tan bien como el que se disponÃa a contársela—, ibais recomendado a m. de Tréville, ¿no es asÃ?
—Asà es, monseñor; pero precisamente en el desgraciado encuentro de Meung…
—Perdisteis la carta —repuso Richelieu—; lo sé; pero m. de Tréville es gran fisonomista, y como conoce a los hombres a la primera mirada, os colocó en la compañÃa de su cuñado m. Des Essarts, dándoos la esperanza de que tarde o temprano entrarÃais en los mosqueteros.
—Monseñor está muy bien informado —dijo D’Artagnan.
—Desde entonces os han pasado muchas cosas: os paseasteis por detrás de los Chartreux cierto dÃa que más valdrÃa que os hubieseis hallado en otra parte; luego emprendisteis un viaje a los baños de Forges en compañÃa de vuestros amigos, que se detuvieron en el camino, pero sin vos, que lo continuasteis. Claro, como tenÃais qué hacer en Inglaterra…
—Monseñor —repuso D’Artagnan, turbado—, iba…