Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Y echó a correr en dirección al campamento, con la celeridad de las gentes de su tierra, tan famosas por su agilidad; sin embargo, por muy rápida que fuese su carrera, el primero que disparara había tenido tiempo de cargar nuevamente su arma, y le envió otro proyectil, tan certero ahora, que le atravesó el sombrero y se lo hizo volar a diez pasos de distancia.
Con todo eso, como D’Artagnan no poseía otro cubrecabezas, lo recogió a toda prisa, y llegó jadeante y descolorido a su alojamiento, una vez en el cual, y sin decir palabra a nadie, se sentó y se puso a reflexionar.
Lo que acababa de pasarle podía obedecer a tres causas: la primera y más natural, a una emboscada de los rochelanos, que no hubieran sentido matar uno de los guardias de su majestad, ya porque se deshacían de un enemigo, ya porque era fácil que este enemigo llevase en la faltriquera una bolsa bien herrada.
D’Artagnan se quitó el sombrero, examinó el agujero abierto por la bala, y movió a uno y otro lado la cabeza. La bala no era de mosquete, sino de arcabuz, lo cual le afirmó en la idea que hiciera sobre lo certero del tiro, esto es, que era de un arma particular: así pues, no era militar la emboscada, ya que la bala no era de calibre.