Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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Al día siguiente, a las nueve de la mañana, tocaron llamada y tropa: era que el duque de Orléans recorría los apostaderos.

Los guardias fueron a por sus armas, y D’Artagnan formó entre sus camaradas.

El duque de Orléans pasó por el frente de batalla, luego los oficiales superiores se acercaron a él para saludarlo.

Des Essarts, el capitán de los guardias, también se acercó al duque para rendirle acatamiento.

Poco después, a D’Artagnan le pareció que m. Des Essarts le hacía seña de que se le acercara; pero por si se había engañado, aguardó una nueva señal de su jefe, que la repitió.

Entonces el gascón salió de entre filas y, acercándose a m. Des Essarts, esperó que este le comunicara sus órdenes.

—Su alteza —dijo el capitán de los guardias al mozo— va a pedir algunos hombres de buena voluntad para una comisión peligrosa, pero que cubrirá de gloria a los que la hayan desempeñado; por eso os he hecho venir, para que estéis prevenido.

—Gracias, mi capitán —contestó el mozo, que no ardía más que en deseos de distinguirse a los ojos del lugarteniente general.


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