Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros En efecto, los rochelanos habÃan hecho una salida durante la noche y reconquistado un bastión de que el ejército real se apoderara dos dÃas antes, y se trataba de practicar un reconocimiento para ver de qué manera conservaba el enemigo aquel punto fortificado.
Pasados algunos instantes, el duque de Orléans levantó la voz y dijo:
—Para esta operación necesito tres o cuatro voluntarios conducidos por un hombre de toda confianza.
—En cuanto al hombre que vuestra alteza solicita, lo tengo yo a mano —profirió m. Des Essarts, señalando a D’Artagnan—; respecto de los cuatro o cinco voluntarios, bastará que monseñor dé a conocer sus intenciones.
—¡Cuatro hombres de buena voluntad para venir a hacerse matar conmigo! —gritó D’Artagnan, blandiendo su espada.
Al punto abandonaron las filas dos guardias y dos soldados.
El gascón se negó, pues, a admitir a los demás que acudieron para no despreciar a los que tenÃan derecho de prioridad.
Se ignorba si los rochelanos, después de haber tomado el bastión, lo habÃan evacuado o si habÃan dejado guarnición en él; por consiguiente, y para salir de dudas, era menester inspeccionar muy de cerca la fortaleza.