Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ya ves, pues, que necesito a toda costa la carta esa —repuso D’Artagnan—; vamos, no perdamos más tiempo; fuera vacilaciones, o por mucho que me repugne mojar por segunda vez mi espada en la sangre de un canalla como tú, te doy palabra de que…

D’Artagnan hizo un ademán de amenaza tal, que el herido, recobrando el aliento de puro aterrorizado, se levantó y dijo:

—¡Deteneos! ¡Deteneos! ¡Iré!

D’Artagnan cogió el arcabuz del soldado, le hizo pasar delante y le empujó hacia su compañero, pinchándole los riñones con la punta de la espada.

Daba pavor ver a aquel infeliz, que iba dejando tras de sí un reguero de sangre, con la anticipada palidez de la muerte en el rostro, esforzándose en arrastrarse sin ser visto hasta el cuerpo de su cómplice que yacía a unos veinte pasos de distancia.

De tal suerte estaba impreso el terror en el sudoriento semblante del soldado, que D’Artagnan se compadeció de él y le dijo mirándole con desprecio:

—Ahora voy a mostrarte la diferencia que va de un valiente a un cobarde como tú; quédate aquí, ya iré yo.

Y con paso ligero y ojo alerta, observando los movimientos del enemigo y ayudándose de todas las desigualdades del terreno, D’Artagnan llegó hasta el segundo soldado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker