Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Aparte de los correos, el cardenal recibía otras visitas menos agradables, como lo prueba el que dos o tres veces cundió la voz de que aquel había corrido peligro de perecer asesinado.
Verdad es que los enemigos de Richelieu decían que era él mismo el que ponía en campaña a los asesinos de mala mano, a fin de tener, cuando la ocasión se ofreciera, el derecho de usar represalias; pero no vale creer lo que dicen los ministros ni lo que propalan sus enemigos.
Lo cual no era óbice, de otra parte, para que su eminencia, de quien sus más encarnizados detractores no han puesto en tela de juicio el valor personal, saliese muy a menudo de noche, ora para comunicar órdenes de importancia al duque de Angoulême, ora para ir a ponerse de acuerdo con el rey, o bien para conferenciar con algún mensajero a quien no quería que le dejasen entrar en su casa.
Por su parte, los mosqueteros, que no tenían mucho que hacer en el sitio, no estaban sujetos a rigurosa disciplina y, por lo tanto, llevaban una vida por demás alegre. Lo cual les era tanto más hacedero, máxime para nuestros tres amigos, cuanto siendo, como eran, íntimos de m. de Tréville, obtenían de este y sin dificultad permisos particulares para retirarse a deshora y permanecer fuera del campamento una vez cerrado este.