Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Ahora bien, una noche en que D’Artagnan, que montaba la trinchera, no pudo acompañarlos, Athos, Porthos y Aramis, subidos sobre sus caballos de batalla, embozados en sus capas de campaña, con una mano en la culata de sus pistolas y ojo alerta por temor a una emboscada, regresaban juntos, siguiendo el camino que conducÃa al campamento, de una cantina que Athos descubriera dos dÃas antes en la carretera de La Jarrie, y a la que llamaban el Colombier-Rouge, al hallarse apenas a un cuarto de legua de la aldea de Boisnar, les pareció oÃr el ruido de una tropa a caballo que venÃa hacia ellos. Los tres amigos se detuvieron al punto y aguardaron formados en batalla en medio de la carretera. Poco después, en el preciso instante en que una nube abrió paso a los rayos de la luna, Athos, Porthos y Aramis vieron aparecer, al revolver de un camino, dos jinetes que, al percibirlos, se detuvieron a su vez y, según todas las apariencias, deliberaron si debÃan seguir adelante o retroceder. Esta vacilación infundió algunas sospechas a los tres amigos.
—¿Quién vive? —gritó con su voz firme Athos, avanzando algunos pasos.
—Lo mismo os preguntamos a vosotros —contestó uno de los dos jinetes.
—Esto no es responder —repuso Athos—. ¿Quién vive? Responded u os arremetemos.