Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Cuidado con lo que hacéis, caballeros —dijo entonces una voz vibrante y, al parecer, acostumbrada al mando.
—Es algún oficial superior que hace su ronda —dijo Athos, dirigiéndose a sus amigos—. ¿Qué determináis hacer?
—¿Quiénes sois vosotros? —preguntó la misma voz y con el mismo tono de mando—. Responded a vuestra vez, u os podrÃa costar cara vuestra desobediencia.
—Mosqueteros del rey —dijo Athos, cada vez más convencido de que el que les interrogaba tenÃa derecho a hacerlo.
—¿Qué compañÃa?
—De m. de Tréville.
—Acercaos para explicarme qué hacéis aquà a estas horas. Los tres compañeros avanzaron algo mustios, pues los tres estaban convencidos de que tenÃan que habérselas con uno más fuerte que ellos.
Porthos y Aramis dejaron que Athos llevase la palabra en nombre de todos.
Uno de los jinetes, el que hablara el segundo, se hallaba diez pasos al frente de su compañero. Athos hizo seña a sus amigos que también se quedasen atrás, y avanzó solo.
—Perdonad, mi oficial —dijo Athos—; pero ignorábamos con quiénes tenÃamos que habérnoslas, y ya habéis visto que estábamos vigilantes.