Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Cómo os llamáis? —preguntó el oficial, que se escondía parte del rostro con su capa.
—Pero ¿por qué no me hacéis la merced de darme la prueba de que tenéis derecho a interrogarme? —profirió Athos, que empezaba a rebelarse contra aquella inquisición.
—¿Cómo os llamáis? —preguntó por segunda vez el jinete, dejando caer el embozo y descubriendo por entero sus facciones.
—¡M. el cardenal! —exclamó estupefacto el mosquetero.
—¿Cómo os llamáis? —repitió por tercera vez su eminencia.
—Athos —respondió el interpelado.
Richelieu hizo a su escudero seña de que se acercara, y le dijo en voz baja:
—Estos tres mosqueteros van a seguirnos, y como yo no quiero que sepan que he salido del campamento, si nos siguen estaremos seguros de que no lo dirán a persona alguna.
—Somos caballeros, monseñor —dijo Athos—; exigidnos, pues, nuestra palabra y nada temáis. A Dios gracias sabemos guardar un secreto.