Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros DE LA UTILIDAD DE LOS CAÑONES DE ESTUFA
Era claro como la luz que, inconscientemente y solo llevados por su carácter caballeresco y aventurero, nuestros tres amigos acababan de servir a alguien a quien su eminencia honraba con su protección personal.
¿Quién era ese alguien? Eso fue lo primero que se preguntaron Athos, Porthos y Aramis; pero al ver que ninguna de las respuestas que podÃa darles su imaginación era satisfactoria, Porthos llamó al mesonero y le pidió unos dados.
Porthos y Aramis se sentaron a una mesa y se pusieron a jugar, mientras Athos se paseaba, imaginativo.
Entregado a sus reflexiones y paseándose, Athos pasaba y volvÃa a pasar por delante del cañón de la estufa, roto por la mitad y cuyo extremo opuesto daba en la pieza superior; y cada vez que pasaba y repasaba, oÃa un murmullo de palabras que acabó por cautivarle la atención. Athos se acercó, pues, al cañón de la estufa, y oyó con claridad algunas palabras que indudablemente le parecieron interesantes en grado máximo, pues hizo seña a sus compañeros de que se callaran, y permaneció encorvado y con el oÃdo en la boca del orificio inferior.
—Escuchad, milady —decÃa el cardenal—, el negocio es de importancia; sentaos ahà y hablemos.
—¡Milady! —murmuró Athos.