Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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—Escucho con la mayor atención a vuestra eminencia —respondió una voz femenina que hizo estremecer al mosquetero.

—En la embocadura de la Charente, al pie del fuerte de La Pointe, os está aguardando un pequeño buque tripulado por ingleses y cuyo capitán me es devoto; mañana a primera hora del día se dará a la vela.

—Entonces, ¿es menester que esta noche me ponga en camino para ese buque?

—Al instante, es decir, después de haber recibido mis instrucciones. Os servirán de escolta dos sujetos que, al salir, encontraréis a la puerta; dejaréis que primeramente me marche yo, y media hora después vos.

—Está bien, monseñor. Ahora volvamos a la comisión que os dignáis encargarme; y como tengo empeño en continuar mereciendo la confianza de vuestra eminencia, hacedme la merced de exponérmela en términos claros y determinados para que no cometa error alguno.

Por un instante, los dos interlocutores guardaron el más profundo silencio; era evidente que el cardenal estaba meditando las palabras que iba a proferir, y que milady recogía todas sus facultades intelectuales para comprender y grabar en su memoria lo que su eminencia iba a manifestarle.

Athos aprovechó aquel momento para decir a sus dos amigos que cerraran la puerta por dentro y para indicarles, por señas, que viniesen a escuchar con él.


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