Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros El mesonero, para quien Richelieu no era más que un oficial que venÃa a visitar a una dama, estaba en pie en el umbral.
—¿Hay en los bajos algún cuarto en el que esos caballeros puedan aguardarme al amor de una buena lumbre? —preguntó su eminencia.
—Este —respondió el mesonero, abriendo la puerta de una espaciosa pieza, en la que precisamente acababan de sustituir una mala estufa con una grande y excelente chimenea.
—Excelente —profirió el cardenal—; entrad ahÃ, señores, y hacedme la merced de aguardarme; no estaré más de media hora.
Y, sin pedir nada más, Richelieu subió la escalera como quien no necesita que le indiquen el camino que debe seguir, mientras los tres mosqueteros entraban en la pieza de la planta baja.