Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Nada creo, monseñor —respondió milady—, solo cito un caso; lo único que digo es que si yo me llamara mlle. de Monpensier o reina MarÃa de Médicis, tomarÃa menos precauciones que las que tomo llamándome simplemente lady Clarick.
—Es verdad —dijo Richelieu—. ¿Qué querrÃais, pues?
—QuerrÃa una orden que de antemano ratificara cuanto yo estimase conveniente hacer para el mayor bien de Francia.
—Primeramente, serÃa menester encontrar la mujer que he dicho, y que tuviese que vengarse del duque.
—Ya está encontrada —profirió milady.
—Luego, serÃa preciso encontrar al miserable fanático que servirÃa de instrumento a la justicia de Dios.
—No faltará.
—Entonces será ocasión de reclamar la orden que hace poco me habéis pedido —repuso el cardenal.