Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Y ahora —dijo milady sin que, al parecer, hubiese reparado en el cambio de tono del duque respecto de ella—, ahora que he recibido vuestras instrucciones por lo que hace a vuestros enemigos, ¿me dais licencia para que yo os diga dos palabras referentes a los mÃos?
—¡Qué! ¿Vos tenéis enemigos? —preguntó Richelieu.
—SÃ, monseñor; enemigos contra los cuales me debéis todo vuestro apoyo, pues me los he acarreado sirviendo a vuestra eminencia.
—¿Y quiénes son? —preguntó el duque.
—En primer lugar, una intrigantuela llamada Bonacieux.
—Está en la prisión de Mantes.
—Estaba —repuso milady—, pero la reina recibió una orden del rey, con ayuda de la cual la hizo trasladar a un convento.
—¿A un convento? —dijo Richelieu.
—SÃ, monseñor, a un convento.
—¿Cuál?
—No lo sé, pues han guardado muy bien el secreto.
—Yo lo sabré.
—¿Y vuestra eminencia me dirá cuál es el convento en que se halla esa mujer?
—No veo inconveniente —respondió el cardenal.