Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Bueno; tengo otro enemigo mucho más temible para mà que esa mujercilla.
—¿Quién es?
—Su amante.
—¿Cómo se llama?
—¡Oh! Monseñor, vos lo conocéis mucho —exclamó milady, arrebatada por la cólera—, es vuestro ángel malo y el mÃo, el que en un choque con los guardias de vuestra eminencia decidió la victoria a favor de los mosqueteros del rey; el que dio tres estocadas a Wardes, vuestro emisario, y el que hizo abortar el asunto de los herretes; en una palabra, es el que sabiendo que era yo la que le habÃa arrebatado a la señora Bonacieux, ha jurado mi muerte.
—¡Ah! Ya —dijo el cardenal—, ya sé de quien me habláis.
—Del infame D’Artagnan.
—Es un hombre intrépido.
—Precisamente por eso es más de temer.
—SerÃa indispensable conseguir una prueba de sus inteligencias con Buckingham —repuso Richelieu.
—¿Una? ¡Diez conseguiré yo! —dijo milady.
—Entonces es lo más sencillo del mundo; en cuanto me proporcionéis esa prueba, lo envÃo a la Bastille.
—¿Y luego, monseñor?