Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Athos tomó el papel, se puso otra vez la pistola al cinto, y acercándose a la lámpara para cerciorarse de que realmente aquel era el documento que él exigiera, desdobló el papel y leyó lo siguiente:
A 3 de diciembre de 1627
Sépase que el portador del presente ha hecho lo que ha hecho por orden mía y para bien del Estado.
RICHELIEU
—Ahora que te he arrancado los dientes, víbora, muerde si puedes —dijo Athos, cogiendo nuevamente su capa, poniéndose otra vez su sombrero y saliendo del cuarto sin mirar atrás.
Athos halló a la puerta a los dos hombres y a su caballo, que aquellos sujetaban por la brida.
—Señores —dijo el mosquetero a los dos individuos—, ya sabéis las órdenes de monseñor: inmediatamente vais a conducir a esa mujer al fuerte de La Pointe y no os separaréis de ella hasta que esté a bordo.
Como las palabras de Athos concordaban, efectivamente, con la orden que ellos recibieran, los dos individuos inclinaron la cabeza en señal de asentimiento.
Respecto de Athos, se subió con ligereza sobre su caballo y partió al galope; pero en vez de seguir la carretera, tomó a campo travieso, picando con vigor a su caballo y deteniéndose de tiempo en tiempo para escuchar.