Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Pues bien, m. de Busigny —repuso Athos—, apuesto con vos que mis tres compañeros, m. Porthos, m. Aramis y m. D’Artagnan, y yo nos vamos a almorzar en el bastión de Saint-Gervais y que, reloj en mano, nos sostendremos allà espacio de una hora por más que haga el enemigo para desalojarnos.
Porthos y Aramis, que empezaban a comprender hacia donde tiraba Athos, cruzaron una mirada.
—Pero —dijo D’Artagnan, inclinándose hasta el oÃdo de Athos—, vas a hacernos matar sin misericordia.
—Más segura es nuestra muerte si no vamos allá —respondió Athos.
—¿Qué os parece, señores? —dijo Porthos, echándose atrás en su silla y retorciéndose el bigote—; la apuesta es de primera.
—Por eso la acepto —contestó Busigny—; ahora solo falta fijar la puesta.
—Somos cuatro a cuatro, señores —repuso Athos—; apuesto una comida a discreción para ocho. ¿Os parece bien?
—A las mil maravillas —respondió Busigny.
—De perlas —dijo el dragón.
—Muy pien —profirió el suizo.
El cuarto oyente, que durante toda la conversación no habÃa soltado ni una palabra, hizo una señal de aquiescencia con la cabeza.