Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros EL CONSEJO DE LOS MOSQUETEROS
Como Athos habÃa previsto, en el bastión no hallaron más que unos doce cadáveres de franceses y rochelanos.
—Señores —dijo Athos, que habÃa asumido el mando de la expedición—, mientras Grimaud pone la mesa, recojamos los mosquetes y los cartuchos, y departamos. —Y, señalando a los muertos, añadió—: Estos señores no nos escuchan.
—Sea lo que fuere —repuso Porthos—, podrÃamos arrojarlos al foso; digo, después de habernos cerciorado de que no llevan cosa alguna en las faltriqueras.
—Es verdad —dijo Aramis—, pero esto último atañe a Grimaud.
—Pues regÃstrelos, Grimaud —dijo D’Artagnan—, y arrójelos luego por encima de la muralla.
—Guardémonos mucho de hacerlo —atajó Athos—, pueden servirnos.
—¿Estos muertos pueden servirnos? —repuso Porthos—. Me parece que os estáis volviendo loco, amigo mÃo.
—«No hagáis juicios temerarios», dicen el Evangelio y m. el cardenal —profirió Athos—. ¿Cuántos mosquetes hemos recogido, señores?
—Doce —respondió Aramis.
—¿Y cartuchos?
—Un centenar.