Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —El secreto es que anoche vi a milady —dijo Athos. D’Artagnan iba a beber; pero al escuchar la palabra milady le tembló de tal suerte la mano, que para que no se derramara el vino se vio obligado a dejar el vaso en el suelo.
—¡Qué! ¿Tú has visto a tu muj…?
—Callaos —interrumpió Athos—; veo que os olvidáis de que Porthos y Aramis no están iniciados en el secreto de mis asuntos domésticos. Pues sÃ, he visto a milady.
—¿Dónde? —preguntó D’Artagnan.
—Ni a dos leguas de aquÃ, en el mesón del Colombier-Rouge.
—En este caso estoy perdido —exclamó el mozo.
—TodavÃa no —repuso Athos—, porque a estas horas debe de haber dejado las costas de Francia.
A D’Artagnan se le ensanchó el corazón.
—Pero, en resumidas cuentas, ¿quién es esa milady? —preguntó Porthos.