Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Que, en conjunto, no hacen más que cuatro —arguyó Athos—, lo cual quiere decir que somos tantos a tantos. ¡Por todos los santos! Por las señas que nos está haciendo Grimaud, vamos a habérnoslas con muchÃsimos más. ¿Qué hay, Grimaud? Hablad, os lo consiento en vista de la gravedad de las circunstancias; pero sed lacónico. ¿Qué veis?
—Un pelotón.
—¿De cuántos hombres?
—De veinte.
—¿Qué clase de hombres son?
—Dieciséis paisanos y cuatro soldados.
—¿Están muy lejos de aqu�
—Unos quinientos pasos.
—Bien, nos queda tiempo para acabar esta ave y beber un vaso de vino a tu salud, D’Artagnan.
—¡A tu salud! —repitieron Porthos y Aramis.
—Vaya, pues, a mi salud —dijo el mozo—, aunque me parece que de poco van a servirme vuestros deseos.
—¡Bah! —repuso Athos—, Dios es grande, como dicen los sectarios de Mahoma, y el porvenir está en sus manos.
Y, bebiéndose el contenido de su vaso, Athos se levantó con indolencia, cogió el primer mosquete que halló a mano y se acercó a una aspillera.