Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —No, ha pasado a las mÃas, no diré sin trabajo, pues mentirÃa.
—¡Oh! Mi querido Athos —exclamó D’Artagnan—, ya he perdido la cuenta de las veces que os debo la vida.
—Entonces ¿nos dejaste para encontraros con ella? —preguntó Aramis.
—SÃ.
—¿Y tú posees el documento que el cardenal dio a milady?
—Helo aquà —respondió Athos sacando el precioso papel de la faltriquera de su casacón. D’Artagnan lo desdobló sin siquiera intentar disimular el temblor de su mano, y leyó:
A 3 de diciembre de 1627
Sépase que el portador del presente ha hecho lo que ha hecho por orden mÃa y para bien del Estado.
RICHELIEU
—En efecto —dijo Aramis—, es una absolución en toda regla.
—Hay que rasgar este papel —profirió D’Artagnan, a quien le pareció haber leÃdo su sentencia de muerte.
—No, por mi vida —repuso Athos—, hay que conservarlo cual reliquia; no lo darÃa aun cuando lo cubriesen de monedas de oro.