Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Y qué va a hacer ahora milady? —preguntó el mozo.
—Probablemente —respondió Athos con negligencia—, va a escribir al cardenal que un condenado mosquetero llamado Athos le ha arrancado por fuerza su salvoconducto, y en la misma carta le aconsejará que con aquel, se deshaga de sus amigos Porthos y Aramis; y como su eminencia recordará que tales hombres son los mismos a quienes siempre encuentra en su camino, a lo mejor, o a lo peor, hará prender a D’Artagnan, y para que este no se aburra solo, nos enviará a nosotros a que le hagamos compañÃa en la Bastille.
—Me parece que tu broma resulta muy triste, amigo Athos —dijo el gigante.
—No bromeo —exclamó Athos.
—¿Sabes que retorcer el cuello a esa maldita milady serÃa un pecado menos grande que el de retorcérselo a esos infelices hugonotes, que al fin y al cabo no han cometido otro crimen que el de cantar en francés los salmos que nosotros cantamos en latÃn?
—¿Qué dice a eso m. el cura? —preguntó Athos con toda calma.
—Que opino como Porthos —respondió Aramis.
—¡Y yo también! —dijo D’Artagnan.
—Por fortuna, está lejos esa arpÃa —exclamó Porthos—, pues en verdad os digo que aquà me contrariarÃa grandemente.